ESFUERZO Y SUPERACIÓN

Mayo 17, 2008

Cuando era pequeña tuve muchos problemas de aprendizaje, fui objeto de burlas y comparaciones con mis primos que eran muy inteligentes, tocaban el piano, eran excelentes estudiantes, eran el ejemplo a seguir.

En el Kinder solo me dedicaba a hacer manualidades, era tímida para hablar con la gente y no era muy hábil con las manos.

En la primaria era la burrita, me costaba trabajo entender lo que mis profesores me enseñaban, en particular las matemáticas.

Al ingresar a mi educación secundaria todo iba cambiando, mi adolescencia estaba en su auge y mis calificaciones se vieron afectadas un poco por las “pintas” a Rosarito con mis amigas.

Cursé la preparatoria, donde la amistad y aceptación eran prioritarias, pensé que así como había pasado la primaria y la secundaria sin estudiar lograría concluir mi educación, pero esa técnica logró que al año y medio me expulsaran de la escuela por reprobar 8 materias; por otra parte, mis primos recibían diplomas de aprovechamiento y cuadros de honor en la universidad, provocando en mi tristeza al no poder seguir sus pasos.

Al ver la decepción de mi familia ante mi fracaso y falta de esfuerzo, opté por cursar la educación media superior sin revalidar ninguna materia. Mi decisión fue tal que siendo exigente conmigo misma pude terminar el bachillerato con algunos extraordinarios en matemáticas pero que pude superar.

Transcurrieron tres años sin estudiar, todo se iba a pique, uno de mis primos estudió una maestría pero los amigos vividores lo hicieron y deshicieron hasta quedar sin trabajo, sin dinero y alejado de la familia, el otro primo de mi edad, le faltó medio semestre para finalizar la preparatoria y se juntó con su novia. Yo iba por ese camino y con dificultades caí en cuenta que iba directo a ser una persona sin un buen futuro, por lo que dejé al novio que no me dejaba hacer nada e inicié mi carrera universitaria.

En la ausencia de la vida estudiantil durante tanto tiempo logré reconocer el valor del estudio y de buscar las oportunidades de una mejor calidad de vida para mi y mi familia.

De ser la niña que no aprendía, motivo de burla, que no se sabe las tablas, me transformé en una buena estudiante, con buen promedio, con una nueva visión y proyectos, descubriendo que sí puedo comprender y pensar por mí misma, convirtiéndome ahora en el ejemplo y orgullo de mi familia.